lunes, 27 de mayo de 2013

Los casos de violencia escolar entre menores no dejan de crecer. El silencio y la falta de acompañamiento han hecho que nuestro país maneje unas cifras tan preocupantes.


"Todos mis compañeros empezaron a salir del salón, se quedaron Camila* y sus amigas. Presentía que nuevamente me iban a molestar… Guardé algunos libros en mi maleta y cuando caminaba hacia la puerta, Daniela me detuvo frente al tablero. Me agredió verbalmente, le dije que no quería problemas, que me dejara –ya estaba acostumbrada a sus groserías–, pero María cerró. Como no respondí, Daniela me dio una cachetada. Sus amigas le gritaron: ‘¡Pégale, es una perra, una zunga!’ Me comenzó a cachetear, me tomó del pelo, me lanzó contra el filo del escritorio y fui a dar al piso. Terminó encima de mí, me siguió pegando, perdí el conocimiento por unos instantes y cuando volví en mí, solo veía su puño en mi cara, escuchaba sus risas y la percibía, aunque un poco borrosa, pero ya no sentía nada...”
Para ser víctima de bullying (‘toreo’, término adoptado en 1970 por Dan Olweus, un investigador noruego, para aludir al maltrato sistemático y continuado entre pares), cualquier excusa sirve: ser gordo o flaco, tener las mejores calificaciones o las peores, que los padres cuenten con una posición social importante o no, ser amanerado, declararse gay o sencillamente ser bonita y gustarle al más churro del colegio… Este último pretexto fue el que llevó a la estudiante de 16 años, que cursaba grado noveno en uno de los colegios bilingües más prestantes de Bogotá, a acosar durante meses a su examiga y casi a matarla a golpes en el salón de clases, por, supuestamente, haberle quitado el novio. La bully, hija de un diplomático, fue sacada del país y Alejandra*, la víctima, aún se recupera de las secuelas emocionales e inició la universidad y una nueva vida en otra ciudad.
¿Pero cuál es el común denominador en esta problemática? La asimetría de poder entre víctima y victimario. Enrique Chaux, doctor en educación de la Universidad de Harvard, asegura que existe la intimidación tanto en estratos altos como en los bajos, “pero hasta en los colegios de alto nivel, los estudiantes que cuentan con más recursos socioeconómicos o son hijos de alguien poderoso, tienen un mayor riesgo de ser los agresores”. En últimas, el asunto es de abuso de poder. Y –condición forzosa en los episodios de maltrato escolar– adultos que se hacen los ciegos y los sordos. Rectores, profesores y padres que evaden la responsabilidad de tener un matón en sus aulas o en su casa y un gobierno que hasta diciembre del año pasado aprobó la primera ley de Convivencia Escolar en el Congreso. Solo falta que sea sancionada por el Presidente para empezar a tratar el tema bajo la mira de varias entidades: los ministerios de Salud y de Protección social, la Procuraduría y la Defensoría del Pueblo, quienes serán garantes de esa ruta de atención integral para la convivencia escolar y para enfrentar la problemática, denominada por muchos especialistas como una “epidemia silenciosa”.
UN SILENCIO QUE PUEDE MATAR…
“Felipe* siempre ha sido delgadito, prefería estudiar que jugar en el recreo. No le gustaban el fútbol ni ningún deporte”, revela Adriana, su mamá, madre divorciada y administradora de un restaurante del centro de la capital. No al menos como lo jugaban en su colegio, ubicado en el barrio San Bernardo en la localidad de Los Mártires: siempre rodeado de niños más corpulentos que se divertían empujándolo y pateándolo. Un día, le golpearon un hombro; otro, le luxaron el tobillo y así continuaron con cada partecita de su cuerpo, hasta que se excedieron y terminó en el hospital Universitario Mayor, con hematomas y dolor. “Todavía me doy golpes de pecho, pues me di cuenta de todo muy tarde, salgo muy temprano a trabajar y llego cuando mis hijos duermen. Era tanta la angustia de ‘Pipe’... Hablé con el hermano rector y dijo que tomarían cartas en el asunto, pero no fue así y me tocó sacarlo…”, revela. ‘Pipe’ no volvió a ser el de antes.
¿Es tan oscuro el panorama actual de acoso escolar que vivimos en Colombia? Adriana González, subdirectora del ICBF, asegura que “el bullying es un fenómeno que está creciendo en el país, que vulnera los derechos de los niños y de los adolescentes e influye de manera muy fuerte en la deserción escolar, además puede generar afectaciones físicas o psicológicas”. Las cifras no se pueden menospreciar. “En el 2012 tuvimos 149 casos de niños que fueron víctimas de intimidación escolar, hicimos constataciones y luego de su verificación, abrimos procesos administrativos de restablecimiento a 68 casos importantes en Bogotá, Caldas, Antioquia, Sucre y Tolima, una cifra que sigue siendo alta y que nos inquieta”, asegura.
Enrique Chaux, quien también es profesor asociado del departamento de psicología de Los Andes, corrobora esta preocupación, aunque asevera un avance en el país. “En el 2003, cuando empezamos a investigar, las personas veían el bullying como algo inofensivo, normal en la vida de los niños y que les formaba el carácter… Comprendieron que es un tema grave y que si no se maneja a tiempo, puede tener consecuencias graves a largo plazo”.
Las últimas estadísticas aún muestran niveles altos de matoneo en el país, pero empieza a haber una pequeña disminución de cuatro puntos, en Bogotá. El DANE, junto con la Secretaría de Educación de la capital, realizó la Encuesta de Convivencia Escolar a 100 mil estudiantes, en el año 2011, y esta reveló que la problemática se encuentra en un 17 por ciento. En el 2006 se había realizado una medición idéntica y los resultados fueron del 21 por ciento. “La disminución del 4 por ciento en Bogotá es importante, sin embargo, sigue siendo un dígito muy alto. En Colombia 1 de cada 5 estudiantes es víctima del matoneo en todas sus formas. El problema presenta cifras relevantes en las regiones con mayor presencia del conflicto armado. El fenómeno en el país mantiene un promedio cercano al de Latinoamérica, región con los índices más elevados de abuso escolar en el mundo”, complementa Chaux, quien además es líder del proyecto ‘Aulas en Paz’, que trabaja la problemática en varios colegios del país, en tres entornos: el aula de clase; con la familia del agresor y la víctima; y clubes en los que se fusionan estos dos factores.
13 AÑOS, LA EDAD MÁS COMPLICADA
Según cifras del Distrito, tras el estudio realizado en el 2011, el 11,3 por ciento de los alumnos encuestados manifestó que en el último mes un compañero de curso le pegó y 9,9 por ciento declaró haberle pegado a alguien. Óscar Sánchez, secretario de educación de Bogotá, asegura que el hostigamiento escolar reduce con la edad. “La mayor incidencia de acoso se da al principio de la adolescencia. Un muchacho de 12 o 13 años está más expuesto que uno de 16. La razón es muy sencilla: en el principio de la adolescencia la agresividad es natural, en la medida que el sujeto va madurando, esta va cediendo y lo que queda son situaciones que pueden ser vistas como una excepcionalidad”.
En Bogotá, la Secretaría de Educación invertirá 45.000 millones de pesos en el Proyecto de Educación para la ciudadanía y la convivencia, mientras que en el pasado invertía solo 8.000 millones de pesos en esos mismos temas pero en iniciativas dispersas subcontratadas con ONG.
“En los colegios públicos de Bogotá hay una figura que es el orientador escolar y solo contamos con 1200, eso significa que cada orientador atiende de ochocientas a mil familias y tiene muchos problemas de acceso a la relación con los padres de familia, de seguimiento individualizado a los muchachos, entonces buscamos el proceso de ampliación y formación para que puedan ser más eficaces en su labor de apoderamiento y acompañamiento”, afirma.
Para el psicoanalista y especialista Martín Ochoa, por cuyo consultorio desfilan maltratadores y maltratados, la experiencia del acoso es “siempre muy dolorosa. Pensemos que en el proceso de socialización de los jóvenes, en un momento los pares toman en parte el lugar que antes ocupaban los padres. Pasan a ser figuras muy importantes y si ese traslado implica una relación despótica, el dolor es tremendo. El rechazo es vivido con intensidad. La sensación de fracaso es total”, alerta.
¿La posible solución? Fortalecer el apoyo familiar. “Lo importante es enviarles una serie de mensajes a los padres y a los cuidadores para que se ganen la confianza de sus hijos, para que les enseñen desde muy pequeños a no agredir, a aprender que todos tenemos derechos y que nuestro derecho termina donde inicia el derecho del otro. Un llamado a compartir en familia, a que no dejemos tan solos a nuestros hijos y menos en manos de la tecnología”, complementa Adriana González.
*Nombres cambiados para proteger la identidad de los entrevistados.

Matoneo escolar: ¿hasta cuándo?

Los niños y los jóvenes desarrollan y establecen una red compleja de relaciones en los entornos en los que interactúan; estos son el familiar, el social y el escolar.Estas relaciones son positivas si contribuyen a que crezcan como personas y se hagan cada vez más fuertes, pero cuando en ellas ocurren situaciones de violencia que llevan al aislamiento, a la soledad y al temor, las posibilidades de crecimiento cambian.
En los últimos años padres y profesores han dirigido su preocupación a la violencia escolar. Y es que existen diferentes maneras de intimidar o de agredir en el colegio. No sólo se trata de las peleas; también hay violencia cuando se crean rumores o comentarios que atentan contra la dignidad de alguien, cuando se excluye del grupo o se hacen gestos para apartar a una persona y eso la lleva a alejarse y no sentirse bien en el colegio; cuando los niños o jóvenes usan herramientas de Internet como Messenger, Facebook u otros para publicar mensajes denigrantes, chismes, para hacer que otros se aparten de alguien.
Esta realidad requiere del involucramiento de los adultos quienes deben proveer entornos seguros y cálidos para el sano desarrollo emocional de los niños y adolescentes.

LA PERSONA INTIMIDADA
• Llega a la casa con sus pertenencias dañadas o rotas
• No pasa tiempo con sus compañeros fuera del Colegio
• No quiere hacer fiestas por temor a que nadie asista
• Es tímido o retraído
• Reacciona llorando o alejándose, generalmente, frente a situaciones de conflicto
• Es hiperactivo e inquieto


EL QUE INTIMIDA:
• Le gusta hacer bromas pesadas, poner apodos o humillar a otros
• Suele insultar o agredir físicamente a otros niños.
• Es más fuerte y grande que el resto de sus compañeros, posiblemente, si es hombre.
• Si trata mal a otros, no se siente mal después.
• Maltrata con frecuencia a los animales.

CAUSAS Y CONSECUENCIAS DEL BULLYING

Personales: Un niño que actua de manera agresiva sufre intimidaciones o algún tipo de abuso en la escuela o en la familia. Adquiere esta conducta cuando es frecuentemente humillado por los adultos. Se siente superior, ya sea porque cuenta con el apoyo de otros atacantes o porque el acosado es un niño con muy poca capacidad de responder a las agresiones.
Familiares: El niño puede tener actitudes agresivas como una forma de expresar su sentir ante un entorno familiar poco afectivo, donde existen situaciones de ausencia de algún padre, divorcio, violencia, abuso o humillación ejercida por los padres y hermanos mayores; tal vez porque es un niño que posiblemente vive bajo constante presión para que tenga éxito en sus actividades o por el contrario es un niño sumamente mimado.
Todas estas situaciones pueden generar un comportamiento agresivo en los niños y llevarles a la violencia cuando sean adolescentes.
En la escuela: Cuanto más grande es la escuela hay mayor riesgo de que haya acoso escolar, sobre todo si a este factor se le suma la falta de control físico, vigilancia y respeto; humillación, amenazas o la exclusión entre personal docente y alumnos.
Por otro lado los nuevos modelos educativos a que son expuestos los niños como la ligereza con que se tratan y ponen en practica los valores , la ausencia de límites y reglas de convivencia, han influenciado para que este tipo de comportamiento se presenten con mayor frecuencia.
CONSECUENCIAS PARA EL O LOS AGRESORES
Pueden convertirse posteriormente en delicuentes, la persona se siente frustrada porque se le dificulta la convivencia con los demás niños, cree que ningún esfuerzo que realice vale la pena para crear relaciones positivas con sus compañeros.
CONSECUENCIAS PARA LA VICTIMA
Evidente baja autoestima, actitudes pasivas, pérdida de interés por los estudios lo que puede llevar a una situación de fracaso escolar, trastornos emocionales, problemas psicosomáticos, depresión, ansiedad, pensamientos suicidas, lamentablemente algunos chicos, para no tener que soportar más esa situación se quitan la vida.

Cómo debe actuar un niño que es acosado

  • No demuestres miedo, no llores ni te enojes: Eso es lo que el agresor pretende, así que no le des esa satisfacción. Más tarde podrás hablar o escribir sobre tus reacciones y lo que sentiste en ese momento.
  • Si comienza a molestarte no te quedes ahí, sigue caminando y no lo mires, ni lo escuches .
  • Si te insulta o ridiculiza por ejemplo con frases como: "Eres un gallina", "un miedoso", responde al agresor con tranquilidad y firmeza, di por ejemplo: "No, eso es sólo lo que tú piensas".
  • Aléjate o corre si crees que puede haber peligro. Vete a un sitio donde haya un adulto.
  • Platica con tus compañeros o amigos lo que te esta pasando.
  • Es muy importante que también platiques sobre esto con un adulto a quien le tengas confianza.
  • Si no quieres hablar a solas del tema con un adulto, pídele a un amigo o hermano que te acompañe.
  • Deja claro al adulto con quien hables del tema que la situación te afecta profundamente.
  • Si sientes que no puedes decir nada a nadie, trata de escribir una carta explicando lo que te pasa. Dásela a un adulto en quien confíes y guarda una copia para ti.
  • Recuerda que tú no tienes la culpa de lo que te esta pasando.
  • Debes saber que NO estas solo(a), tienes amigos y adultos que te quieren y te cuidan, acércate a ellos seguramente te ayudarán.
  • Piensa que el niño que te agrede tienes problemas, tal vez en casa, por eso actúa de esa manera; no por eso vas a permitir que trate así.
  • Trata a los demás como quieres que te traten a ti y ayuda al que lo necesite, así cuando tú necesites ayuda, te ayudarán.

Como deben actuar los padres ante un hijo acosador

  • Tienes y debes acercarte a tu hijo, platica con él.
  • Relaciónate más con los amigos de tu hijo y observa qué actividades realizan.
  • Una vez que hallas creado un clima de comunicación y confianza con tu hijo, pregúntale el porque de su conducta.
  • Si comprobaste que tu hijo es un acosador, no ignores la situación porque seguramente se agravará, calmadamente busca la forma de ayudarlo.
  • Jamás debes usar la violencia para reparar el problema. Violencia genera violencia, ¿donde esta la solución? . Tampoco culpes a los demás por la mala conducta de tu hijo.
  • Nunca dejes de demostrarle amor a tu hijo, pero también debes hacerle saber que no permitirás esas conductas agresivas e intimidatorios, deja muy claro además las mediadas que se tomarán a causa de su comportamiento y en caso de que continúe de esa manera.
  • Cuando se detecta un caso de bullying, los padres del niño deben trabajar conjuntamente con la escuela para resolver el problema de una forma inmediata. Habla con los profesores, pídeles ayuda y escucha todas las críticas que te den sobre tu hijo. Mantente informado de como la escuela esta tratando dicho caso y los resultados que se estan obteniendo.
  • A través de la comunicación con tu hijo podrás darte cuenta de sus gustos y aficiones, canaliza su conducta agresiva por ese lado; si por ejemplo le gusta el futboll inscríbelo en un club deportivo, si le gusta tocar algún instrumento llévalo para que tome clases.
  • Crea un ambiente en tu hogar donde el chico se sienta con la confianza de manifestar sus insatisfacciones y frustraciones sin agredir . Enséñale buenos modales.
  • Debes enseñarle a tu hijo a reconocer sus errores y a pedir disculpas a quienes les halla hecho daño, elogia esa buenas acciones.

Qué hacer si mi hijo es la victima

  • Investiga minuciosamente lo que está ocurriendo, platica con sus compañeros más cercanos, maestros, amigos y familiares.
  • Platica con tu hijo y hazle sentir que puede confiar en ti , asi él se sentirá cómodo al hablar contigo acerca de todo lo bueno y lo malo que esté viviendo.
  • Hablen del tema. Escucha a tu hijo, deja que se desahogue.
  • Si efectivamente comprobaste que lo estan acosando, manten la calma y no demuestres preocupación, el niño tiene que ven en tu rostro determinación y positivismo.
  • Comprometete a ayudar a tu hijo, y muy importante, hazle saber que él no es el culpable de esta situación.
  • No trates de resolver el problema diciéndole a tu hijo que se defienda y tome venganza, esto empeoraría más la situación, es mejor que discutan como pueden responder asertivamente a los acosadores y practica respuestas con tu hijo.
  • Debes ponerte en contacto con el maestro de tu hijo y con la dirección de la escuela para ponerlos al tanto de lo que esta ocurriendo, pídeles su cooperación en la resolución de los hechos.
  • En caso de que el acoso continúe, tendrás que consultar a un abogado.
  • Si tu hijo se encuentra muy dañado emocionalmente por toda esta situación, busca la asesoria de un psicólogo para ayudarle a que supere este trauma. Pero jamás te olvides que la mejor ayuda, en esos casos, es la de su familia.

Qué deben hacer los maestros


  • Identificar a la víctima y el agresor.
  • Si ha detectado a la victima verifique preguntando a su padres si el niño presenta dificultad para conciliar el sueño, dolores en el estómago, el pecho, de cabeza, náuseas y vómitos, llanto constante, etc. Si es necesario investigue y observe más al niño.
  • Siga al niño a una distancia prudente a lo lugares donde comúnmente esta sin vigilancia, seguramente se encontrará con el chico que lo esta acosando.
  • En las parades de los baños o las puertas de éstos, los niños suelen escribir burlas y agresiones, revíselas.
  • Platique con los compañeros más cercanos de los niños( acosador y víctima), pueden darle información valiosa.
  • Tenga consciencia de que tanto el agresor como la victima sufren, y por lo tanto necesitan ser atendidos y tratados.

Como prevenir el bullying

En la familia
La familia es la principal fuente de amor y educación de los niños; a partir de ella el niño aprende a socializarse basado en lo valores, normas y comportamientos enseñados en casa; evitemos que nuestro hogar se convierta en un escenario hostil o por el contrario demasiado permisivo, tenga por seguro que esto siempre llevará a que los niños adquieran conductas agresivas.
Otro papel de la familia es estar informada constantemente, hay cursos en donde se orienta a los padres sobre como mantener alejados a sus hijos del bullying; éstos se basan normalmente en el amor y la comunicación entre padres e hijos, la observación para detectar inmediatamente cualquier conducta anormal en el chico, estar al pendiente de las actividades de su hijo, la existencia de límites y normas, asi como el vigilar que se cumplan.
Estos cursos le dan atención especial a la inteligencia emocional, es decir enseñan a los padres como ayudarle a sus hijos a controlar sus emociones y comportamientos hacia los demás de tal manera que puedan convivir sanamente.
En la escuela
La disciplina que se mantenga en el salón y la escuela en general es fundamental para la construcción de una buena conducta.
Es importante la supervisión de los alumnos dentro y fuera de los salones, en los patios, baños, comedores, etc.
Establecer claramente las reglas de la escuela y las acciones que se tomarán en conductas como el bullying.
Actuar rápido, directa y contundentemente en el caso de que se presente alguna sospecha de acoso escolar.
La escuela debe estar abierta a las quejas y sugerencias del alumnado y padres de familia, se sugiere la colocación de un buzón.
Realizar cursos o conferencias para padres y maestros donde se puedas tratar temas como el bullying.
Adicionar o reforzar el tema de educación en los valores en el curso de los estudiantes.
Los maestros pueden apoyarse en los alumnos para identificar casos de acoso, deben ser muy inteligentes y saber quien puede darles información valiosa.
Instituciones gubernamentales
Asi como existen líneas gratuitas para hablar o preguntar sobre métodos anticonceptivos, depresión, el sida, alcoholismo, etc, deben haber líneas abiertas para que los niños puedan hablar y denunciar conflictos que viven dentro y fuera del hogar.
Debe haber mayores campañas para informar a los padres sobre esta situación , la forma en que puede detectarse, tratarse y prevenirse.
Medios de comunicación y sociedad en general
Los niños son muy dados a ver programas de acción y violencia y aunque no lo creamos éstos influyen demasiado en su comportamiento. Los medios masivos de comunicación deben ser más concientes de ello y controlar más los contenidos que emiten o publican.
La sociedad en general también puede ayudar a prevenir y atacar el acoso entre los niños, vigilando y no dejando pasar este tipo de suituaciones porque pensamos se trata de una simple broma.
Cuando un niño se burla, amenaza o pega a otro niño, se debe intervenir para que eso no se repita.


Qué es el Matoneo escolar y cómo evitarlo

Es una palabra proviente del vocablo holandes que significa acoso.

El primero que empleó el término "bullying" en el sentido de acoso escolar en sus investigaciones fue Dan Olweus, quien implantó en la década de los 70 en Suecia un estudio a largo plazo que culminaría con un completo programa antiacoso para las escuelas de Noruega.

Anteriormente esta palabra no era tan comentada, pero debido al incremento alarmante en casos de persecución y agresiones que se están detectando en las escuelas, lo que lleva a muchos escolares a vivir situaciones verdaderamente aterradoras, es que ahora se esta hablando más del tema.
SABES QUE ES EL MATONEO ESCOLAR O BULLYING? 

El término matoneo escolar, llamado en ingles Bullying, se refiere alas actitudes tiránicas e intimidatorias de uno o más alumnos contra un estudiante.

También se define como un comportamiento en el cual, de manera constante y deliberada se hace que otra persona se sienta mal, incómoda, asustada o amenazada, es de carácter constante, haciendo que aquellos alumnos se sientan intimidados e impotentes, sin poder llegar a defenderse.

Existen diversas manifestaciones de matoneo en los colegios, está la de exigir dinero a cambio de no golpear al compañero, o dar a conocer algo que le puede causar problemas; otra forma es la del maltrato físico, con golpes, patadas, empujones; una manifestación más del matoneo es la burla, las amenazas, el colocar apodos crueles e insultantes, hacer bromas de mal gusto, atacar en grupo a alguien, retándose en pandillas y esperándose en las afueras, enviando mensajes de texto por internet, llamadas insultantes, chistes de mal gusto sobre la religión, el color o algún defecto físico.

La persona intimidada: • Llega a la casa con sus pertenencias dañadas o rotas
• No pasa tiempo con sus compañeros fuera del Colegio
• No quiere hacer fiestas por temor a que nadie asista
• Es tímido o retraído
• Reacciona llorando o alejándose, generalmente, frente a situaciones de conflicto
• Es hiperactivo e inquieto

El que intimida• Le gusta hacer bromas pesadas, poner apodos o humillar a otros
• Suele insultar o agredir físicamente a otros niños.
• Es más fuerte y grande que el resto de sus compañeros, posiblemente, si es hombre.
• Si trata mal a otros, no se siente mal después.
• Maltrata con frecuencia a los animales.


jueves, 23 de mayo de 2013

Matoneo En Las Aulas



Cerca del 30% de los estudiantes entre 9 y 14 años sufre agresiones físicas y psicológicas.
JUAN, DE 9 AÑOS, llevaba una vida normal en el colegio, como la de cualquier niño de su edad, pero un día todo cambió cuando varios compañeros lo condenaron a un ritual vergonzoso: todos los días metían su maleta en el inodoro del baño sin que nadie hiciera algo para impedirlo. Su desmotivación llego a tal punto, que sufría cualquier sólo de pensar en ir a clase. Sara, de 12 años, experimentaba sentimientos similares pero eran otras las causas. Su correo electrónico empezó a llenarse de mensajes anónimos que eran replicados a todas sus compañeras, en los que se burlaban e invitaban a no meterse con ella por "sapa".

Como estos hay miles de casos que se repiten en todos los colegios y hasta hace pocos años eran considerados como algo normal. Al fin y al cabo, adulto que eche a andar su memoria recuerda situaciones semejantes de sus años de estudiante. Sin embargo, investigaciones recientes en Europa, Estados Unidos y algunos países latinoamericanos, incluido Colombia, indican que este tipo de agresión escolar no sólo se ha agravado en las últimas décadas sino que tiene serias repercusiones en las víctimas y está asociada con casos severos de depresión que, incluso, pueden llegar a la venganza desproporcionada o al suicidio.
 
Se trata de lo que en inglés es conocido como bullying y que en español puede traducirse como matoneo escolar. Una conducta agresiva, deliberada y repetitiva, destinada a provocar molestia en otro, que, frente a otros tipos de violencia estudiantil, se caracteriza por ser sistemática y porque generalmente es protagonizada por uno o más estudiantes en contra de otro en particular, por lo común más vulnerable y débil aprovechándose de su estado de indefensión. El abanico de agresiones es enorme, desde la simple burla hasta el sometimiento moral y extorsivo, que obliga a la víctima a satisfacer los caprichos, muchas veces humillantes, de los intimidadores.
  

Voces de alarma
 

En España, la muerte de Jokin, de 14 años, que se quitó la vida en 2004 por las constantes intimidaciones de que era objeto por parte de sus compañeros, prendió las alarmas de psicólogos y padres de familia en ese país, donde empezaron a estudiar en serio el problema. Por ejemplo, una investigación de la pedagoga Nora Rodríguez, Guerra en las aulas, arrojó resultados alarmantes: 48% de los estudiantes españoles entre 9 y 14 años ha sufrido o sufre algún tipo de agresión por parte de algún compañero: más del 50% agresión psicológica y el 20% agresión física. 

 En Estados Unidos, el porcentaje de alumnos hostigados con frecuencia está entre el 15 y el 20%, y según el Departamento de Educación entre 1999 y 2001 la intimidación entre compañeros de colegio aumentó 5%.

 En Colombia el tema apenas comienza a ser analizado, pero sobre él existen ya algunos cálculos. Según la encuesta hecha en 2005 con las pruebas Saber del ICFES, entre cerca de un millón de estudiantes de los cursos 5º y 9º de colegios públicos y privados, el 28% de los estudiantes de 5º dijo haber sido víctima de matoneo en los meses anteriores a la prueba, el 21% confesó haberlo ejercido y el 51% haber sido testigo del mismo. En 9º, las víctimas fueron más o menos el 14%, los victimarios el 19% y los testigos el 56%.

 "No podemos saber si hay más casos de matoneo ahora que antes, o si los casos son más graves que en el pasado porque no hay estudios antiguos con los cuales comparar los análisis actuales, pero está claro que no es un fenómeno inocente -asegura Enrique Chaux, psicólogo de la Universidad de Los Andes y quien ha realizado no menos de cinco estudios sobre el tema-. Es evidente que el matoneo no ayuda a formar, porque constituye un abuso por el desequilibrio de poder".

 Y es que el intimidador sabe detectar a la perfección a sus posibles víctimas que son, por lo general, personas aisladas, solitarias, muchas veces buenos estudiantes -nerds-, o por el contrario muy vagos y despistados -mongos- o simplemente niños "políticamente correctos", que siempre están limpios, bien puestos, con el pelo corto y llevan sus útiles en orden y actúan según las reglas -ñoños-. Motivados por sobresalir y demostrar poder, los matones se las ingenian para someterlos y humillarlos con agresiones constantes, amparados en la complicidad de sus compañeros, muchos de los cuales se unen a la matonería una vez alguien la inicia, o se hacen los de la vista gorda por simple temor o para evitar problemas. "Lo preocupante es que el fenómeno está iniciando demasiado pronto -afirma la psicóloga y abogada Claudia Rey de Varón-. En los primeros cursos de primaria ya hemos detectado matones y víctimas en ciernes".
  
LAS VÍCTIMAS DEL MATONEO CAMBIAN SU COMPORTAMIENTO, SE VUELVEN HURAÑOS, TRISTES, INSEGUROS Y CON BAJA AUTOESTIMA.
  
Experta en el tema, Rey asesora a varios colegios privados de Bogotá y en 2005 hizo una encuesta al respecto en 28 colegios femeninos y masculinos de todos los estratos, según la cual, los alumnos reconocieron que entre los principales conflictos que vivían en el colegio sobresalían la agresión física y verbal, el desprecio, las burlas, los chismes y el rechazo, motivos todos de exclusión social de las víctimas. "Esto sucede durante la pubertad y la adolescencia, cuando las relaciones y la aceptación del grupo son indispensables en la formación de una persona -explica Rey-. Cuando no hay nadie que lo salve, ese niño está perdido".

 El caso de Esteban, un estudiante universitario que en épocas de colegio fue víctima de matoneo y para defenderse llegó hasta a amenazar con un cuchillo a su agresor para que dejara de hostigarlo, es uno de esos casos que pudo haber derivado en lo peor pero que por obra y gracia de la intervención de dos amigos pudo sobrevivir a la intimidación (ver recuadro).

 Pero no todos pueden contar el mismo cuento. Quienes no lo superan corren el riesgo de caer en depresiones severas, aislamiento social e incluso tener ideas suicidas y hasta intentar hacerlo. "Es lo que se llama una indefensión aprendida -explica Rey-. Algunas investigaciones sobre suicidas adolescentes demuestran que en muchos casos había antecedentes de matoneo".

 Y en el caso de los matones, algunos suelen incrementar con los años las acciones violentas hasta el punto de tener problemas con la ley. "Cuando la relación grupal está motivada no por la solidaridad y la amistad sino por la intimidación de un matón que hace las veces de jefe de la mafia, esa relación puede derivar en pandillismo", advierte el psicólogo Augusto Pérez, con amplia experiencia en problemas de la juventud.
  

Cómplices
 

El fenómeno del matoneo se agrava no sólo porque los estudiantes que son víctimas o testigos callan por miedo, sino por culpa de los padres, de los profesores y de los directivos de los centros educativos que, tal vez sin proponérselo, alimentan el problema. Cada uno actúa en defensa propia: los profesores con los alumnos; los padres con el colegio y los directivos con los padres. Según la pedagoga Ángela Márquez, con más de 15 años de experiencia en colegios de estrato 6, en muchas ocasiones el papá de un matón termina siendo más matón que su hijo cuando acude al colegio a defenderlo, motivo por el cual las directivas terminan cediendo ante el poder social que esgrime el padre.
 
  
Por su parte, los padres de los matoneados no denuncian ante el colegio por temor a las represalias contra sus hijos. "Muchos papás proyectan en sus hijos la sensación de que nadie puede pasarles por encima, o lo contrario -afirma Márquez-. Así se convierten en cómplices". Y a su vez, los profesores favorecen el matoneo. "Muchas veces el profesor es quien nota el defecto de un alumno que nadie más ha captado y se la monta -le dijo a CAMBIO un estudiante que pidió mantener su nombre en reserva-. En otras, pone en evidencia sus limitaciones de aprendizaje y le dice frases irónicas como 'raro que usted no haya entendido' o 'no me vaya a salir con que no entendió nada' y cosas por el estilo. Los alumnos celebran el chiste y comienzan a trepársela".



Mientras tanto, las directivas de la mayoría de los colegios ocultan el problema, preocupados más por la imagen de la institución que por solucionarlo y por las víctimas.

  
Si colegios y padres callan y tapan, por fuera de las aulas hay psicólogos y psiquiatras preocupados por el fenómeno que adelantan estudios y diseñan programas pilotos de prevención. Uno de ellos es el doctor Enrique Chaux quien desde la Universidad de Los Andes lidera un programa respaldado por Colciencias que es aplicado a un grupo de colegios públicos y por concesión. "Está demostrado que las amenazas institucionales y las penalizaciones disciplinarias no funcionan -asegura Chaux-. Si un matón es expulsado, encontrará otro colegio en dónde actuar y lo mismo ocurre con las víctimas".



Tras evaluar la reacción de los testigos frente a episodios de matonería en decenas de colegios de la capital, Chaux y su equipo llegaron a la conclusión de que son los alumnos, concretamente los testigos pasivos, los llamados a enfrentar el fenómeno. "Por ejemplo, hemos encontrado que en los colegios mixtos la aprobación de una niña incrementa el suceso, porque los matones hallan su aceptación -dice-. Pero si una niña reacciona contra la agresión, los victimarios tienden a ceder. Las niñas son fundamentales en la tarea de la mediación". En el caso de los colegios masculinos, Chaux dice que los candidatos a mediadores son algunos líderes. "Los líderes naturales, no precisamente los más aplicados, son los que se esconden en la masa pero cuyos criterios los aceptan de manera general".

Así las cosas, el grupo de Chaux ha iniciado el entrenamiento de mediadores estudiantiles que busca un segundo objetivo a largo plazo. Chaux piensa que el fenómeno del matoneo continúa en la vida adulta, con las mismas características: hay un intimidador que quiere ostentar su poder humillando a los débiles, una cohorte que lo sigue por temor o por conveniencia, y un grupo de testigos, que son la mayoría, que no actúa por temor o por indiferencia. "Si educamos a los niños para que entiendan que el bienestar de los demás también es su responsabilidad, en el futuro veremos actitudes muy positivas, pues habrá mucha más gente que reaccione contra las injusticias, contra la corrupción, en fin, contra cualquier tipo de conflicto. La meta es convertirlos en responsables sociales".
 


Por su parte, la doctora Rey, experta en mediación de conflictos, trabaja en la misma dirección y con el apoyo de la Cámara de Comercio en algunos colegios del norte de Bogotá. El objetivo inicial es capacitar a los profesores en mediación escolar, para que éstos involucren a los alumnos de los grados superiores y los transformen en mediadores. "Al fin y al cabo, los agresores y los agredidos son los que tienen que aportar las soluciones con la participación de un tercero que no se comporte como juez sino como su igual -afirma Rey-. Es la única manera de resolver un conflicto, y no lo digo sólo en el caso del matoneo escolar".

Todo empieza por casa


Sin embargo y a sabiendas de que cualquier esfuerzo es válido si se trata de contrarrestar el fenómeno, los expertos consideran que la mejor forma de prevenir el matoneo es un hogar sólido que dé seguridad, que se la brinde a los niños. "Un hogar donde haya afecto, respeto por las diferencias y reglas claras de comportamiento. Porque así como es difícil que un niño con afecto y altos niveles de autoestima sucumba a las provocaciones de un matón, un niño criado sin atención, sin afecto, con baja autoestima y sin límites claros, corre el riesgo de convertirse en victimario".  


CÓMO FRENAR LA INTIMIDACIÓN


 
Las siguientes recomendaciones surgen de las investigaciones que hemos venido realizando en la Universidad de los Andes con el apoyo de Colciencias y de varios colegios de Bogotá:

1) LA INTIMIDACIÓN NO PUEDE SER ACEPTABLE
Es importante asumir una posición clara y firme contra la intimidación. Algunos consideran que es inofensiva, que es un juego de niños y que inclusive sirve para formar el carácter. Estas creencias comunes son completamente erradas. La intimidación aumenta, por ejemplo, el riesgo de depresión y suicidio en las víctimas.
 

2) NI PASIVIDAD, NI AGRESIÓN: ASERTIVIDAD
"Déle más duro y verá que no lo vuelve a hacer", es lo que algunos padres aconsejan a sus hijos. Este es un mensaje peligroso que muchas veces lleva a que la agresión sea aún más grave, inclusive contra la víctima. Es importante que aprendan a no dejarse, pero sin recurrir a la agresión, es decir, usando la asertividad. Los niños pueden aprender a decir con tono firme "no, no me gusta que me trate así", y eso les sirve de escudo.


3) RESPONSABILIDAD DE LOS TESTIGOS
Quienes observan maltrato y no hacen nada, en últimas están contribuyendo a que continúe ese maltrato. Los intimidadores responden mucho a lo que dicen los demás, especialmente si son del sexo opuesto, así que una señal de desaprobación de los compañeros puede hacer que frenen la intimidación. Los testigos tienen mucho más poder del que creen.


4) EMPATÍA POR LAS VÍCTIMAS
Habrá menos intimidación cuando todos puedan ponerse emocionalmente en los zapatos de quienes la sufren. Al comprender el dolor que puedan estar sintiendo las víctimas es más probable sentir compasión y actuar contra la intimidación.
 



5) AMIGOS
La falta de amigos hace que las víctimas sean más vulnerables. Un programa de prevención será efectivo si logra que las víctimas tengan amigos que los protejan y acompañen.



6) ROL DE LOS ADULTOS
Si los adultos se ríen, celebran o de cualquier manera aprueban una intimidación, las consecuencias para las víctimas son todavía más graves. Los adultos deben estar pendientes para rechazar la intimidación y promover empatía y maneras asertivas de frenarla.


"TODAVÍA ME SIENTO VÍCTIMA"



"La cosa comenzó en 5º grado, cuando un compañero comenzó a amenazarme con darme en la jeta. Yo sólo huía. Pero un buen día en que no tenía escapatoria, me armé de un bolígrafo y al primer intento de agresión le clavé el esfero en una mano.
 
"No me volvió a molestar pero al año siguiente, en 6º, sentí el acoso de un estudiante de 10º en el bus. Yo me sentaba en la batería, entre el puesto del chofer y su ventana. Pero a ese tipo de 10º, que se sentaba en el primer asiento, detrás de mí, le dio porque la batería era para poner sus pies y cada vez que me sentaba me pateaba. Yo no podía llorar porque era peor. La única solución que vi fue llevarme un cuchillo de la casa. Cuando esa tarde el matón me volvió a patear, saqué el cuchillo y amenacé con clavárselo. El tipo me dijo que si lo hacía me echaban del colegio. Yo le contesté: 'No importa, usted se va conmigo'. Por fortuna no tuve que usar el cuchillo.
 



"La intimidación no terminó ahí. En 7º me hice amigo de un grupo de niños 'bien'. Coincidió con que mi papá me dio una tarjeta de crédito. Ellos lo notaron y me cogieron de marrano. Sólo se metían conmigo cuando necesitaban plata. De pronto, por solidaridad con un compañero al que ellos habían excluido, comenzaron a inventar chismes sobre mi sexualidad y, para reafirmar sus convicciones, me agarraban y me obligaban a restregarme contra sus genitales.



"La solución fue buscar refugio en personas opuestas. Me salvaron un 'gótico' que me presentó a Nietzsche y un 'punketo' que me metió en la onda de los metaleros. Al final encontré consuelo en la literatura, el arte y la música. Aún así, hoy todavía me siento en ocasiones como una víctima y tengo que luchar contra esa sensación tan incómoda que me dejó la niñez".


Esteban, estudiante universitario





martes, 21 de mayo de 2013

TEMA SOBRE EL MATONEO EN LA ESCUELA



El hombre nace salvaje y podría ser un peligro universal durante toda su vida si no lo meten a un aula de clases para domesticarlo. Pueda que allí pierda sus sueños y le corten sus alas y le amarren sus ímpetus y le dobleguen el espíritu y le deformen la mente y le dañen el corazón. Pueda que todo eso pase y ocurra, y hasta más; pero es preferible una “domesticación” sutil, conducida, formadora, que padecer las furias y las bestialidades del hombre salvaje.
Los hombres en su estado salvaje son crueles y hacen daño por naturaleza. No piensan, son impulsivos. Seres al servicio de las causas más innobles de la maldad. Hay quienes creen que los hombres malos están poseídos por el diablo, y puede ser. Hay quienes creen que los hombres dañinos son enfermitos mentales, y puede ser. Hay quienes defienden a los hombres malos diciendo que actuaron impulsados por equivocaciones pasajeras… Y puede ser. Pero también es cierto el hombre es malo por naturaleza, y si la sociedad no lo educa y no  lo corrige, entonces comienza a padecer la intolerancia, la maña y la crueldad de los salvajes.
A la escuela llegan niños y niñas bien cuando tienen la fortuna de tener padres que medio los han formado en valores, el respeto al otro y el cumplimiento de ciertas normas sociales de convivencia. Pero también llegan espíritus salvajes es estado puro…
La vida en la escuela, puede ser un mundo cruel y despiadado. Los niños se burlan de todo, abuchean por nada, señalan y se ríen del otro hasta que lo hacen llorar, traumar o suicidar. Los niños amenazan sin piedad, intimidan a sus compañeritos con saña, tienen comportamientos feroces, actitudes desalmadas, protagonizan eventos violentos, grotescos, inverosímiles.
Los niños sin los padres presentes son otros. Y si no tienen quien los vigile sacan su espíritu maligno para dañarse entre ellos. A veces los padres no creen, lo dudan, no saben de la naturaleza humana y sienten que el angelito de casa, que no habla ni para pedir comida sería incapaz de dañar a otros. Pero no, la cosa es sería. Deje a un niño solo en casa, déjelo crecer sin autoridad y verá lo dañino y peligroso que puede llegar a ser.
Las historias de vida de niños que crecieron sin autoridad, de niños que crecieron haciendo lo que les venía en gana con la anuencia de sus padres, son para no creer.  Fiscalías y juzgados están llenos de casos de historias de niños y jovencitos perversos haciéndole daño a la sociedad porque sí, porque les da la gana, por molestar, por divertirse, porque no tienen nada qué hacer…
Por eso, la ley que acaba de expedir el gobierno colombiano para evitar y controlar el matoneo escolar no es gratuita, era algo necesario. Un pañito de agua tibia, porque es una ley sin dientes que busca denunciar y poner en evidencia a los niños malos, y nada más. Al menos hará que los padres de familia se enteren de que sus angelitos son capaces de cometer fechorías. Al menos para que la sociedad se entere del trabajo difícil y peligroso que tienen los maestros… y lo duro de que les toca a muchos padres cuando sus hijos se les salieron ya de las manos.